Argentina

La repentina operación de la presidenta de Argentina, Kristina Fernández de Kirchner, ha despertado todo tipo de suspicacias sobre lo que puede ser el futuro político de Argentina en los próximos dos años. En el 2015 hay elecciones presidenciales, antes las habrá al Congreso, y las fichas se mueven rápidamente dentro del peronismo.

Como partido único – el resto es residual y De la Rúa no dejó un buen sabor de boca-, las broncas dentro de la formación se intensifican. Máxime aún con la figura del vicepresidente-presidente interino Boudu. Este hombre joven, economista, que toca en una banda de música, tiene varios procedimientos abiertos por corrupción que se pueden empezar a dirimir en los siempre complicados tribunales argentinos en los próximos meses. De momento ejercerá, con todos los poderes, la presidencia del país en un momento de enorme debilidad política.

Hace unos meses, el kirchtnerismo perdió las elecciones municipales, y aunque conserva aproximadamente un 30 % de los apoyos, el nerviosismo se ha apoderado de la Casa Rosada.

A la falta de transparencia política, a la corrupción endémica política- empresarial argentina se le une también la inestabilidad económica, con una inflación que no se sabe exactamente cual es, siendo el único país en vías de desarrollo- desarrollado que no emite deuda en los mercados, y por lo tanto su financiación es en cash y se está quedando sin reservas.

Capacidad cada vez más complicada de encontrar financiación e inestabilidad jurídica que se puso de manifiesto, por ejemplo, con la expropiación de Repsol, pero no solo. Las empresas extranjeras, los inversores internacionales presentes en Argentina se quejan de la falta de seguridad jurídica, argumentan que siempre hay que para por un “lobby político” y pagar para conseguir desde licitaciones hasta cierta libertad de comercio interno. Los medios de comunicación privados están siendo sistemáticamente acosados, y los medios de comunicación públicos son un instrumento más del poder.

Hablando de Repsol –YPF, continúan las negociaciones para intentar llegar a un acuerdo que determine un justiprecio a la expropiación. Los esfuerzos diplomáticos se vieron también en Nueva York la semana pasada, con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas.  Pero, la Presidenta argentina y sus asesores no quieren ni oír hablar de pagar más por los activos de YPF. El acuerdo con Chevron, la petrolera estadounidense – con varios casos abiertos por contaminación a gran escala, por ejemplo en Ecuador- , sigue adelante pese a los esfuerzos de la cúpula directiva de Repsol de evitar que dicho acuerdo llegue a buen puerto. Un acuerdo, al que parece también se podría sumar el histórico socio en la petrolera española PEMEX. Los mexicanos ya han mostrado su interés en formar una coalición con los estadounidenses y los argentinos para explotar el inmenso yacimiento de gas y crudo de Vaca Muerta.

Repsol, mientras mantiene su estrategia de crecimiento vía compras, sigue estudiando la posibilidad de llegar a algún acuerdo con una petrolera estadounidense de mediana capitalización lo antes posible. Su interés está centrado en el Upstream, pero no solo. La cordillera con mayor capacidad de fracking en Estados Unidos está en Filadelfia, un estado en el que en las próximas décadas esperan un gran retorno económico gracias a ésta práctica. Paralelamente iniciará sus extracciones offshore en Namibia en febrero del año que viene y están en negociaciones avanzadas para la venta de su paquete en gas Natural.

Publicado por

P. García de la Granja

Madre de Maria y Pepe. Periodista de Mediaset España. Aterrizando en NYC. Liberal. Economía y finanzas. Opiniones personales. Corresponsal de Tele5.

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