Banca: la gran jibarización sectorial

Cuando la gran crisis crediticia global estalla coincidió con la Asamblea Anual de Naciones Unidas en Nueva York. Todos los meses de septiembre la Gran Manzana se convierte en la capital política del mundo. Dos semanas después es Washington la capital financiera del mundo con la reunión anual “de otoño” del FMI.

Era 2009, Lehman Brothers no había aguantado en el envite de la administración estadounidense y su colapso por la consecuencia de décadas de expansión del crédito sin colateral que lo avalase, décadas de créditos hipotecarios -millones- a personas que se sabía positivamente jamás pagarían, créditos infinitos a “empresas burbuja”, cuya máxima expresión y premonitoria fue el estallido de las “puntocom”.

En aquel entorno recesivo para Estados Unidos de contracción de crédito mundial, de desplome de la banca, llegó el presidente Zapatero a Nueva York explicando la “fortaleza de la banca española gracias a las provisiones que se habían hecho, y que eran la envidia del universo”. Evito la referencia al resto de la situación económica de España.

A partir de ese momento todo lo susceptible en materia macroeconómica, microeconómica y bancaria susceptible de ir mal fue peor. Varias reformas financieras que se estrellaron frente a la realidad política de las comunidades autónomas y de los poderes establecidos que impedían las operaciones de fusión. El invento de las famosas fusiones frías de José Pérez (Intermoney) con la colaboración inestimable ayuda de algunos expertos en derecho mercantil de Uria. Estos expertos, por cierto cuyas minutas millonarias pagamos todos los contribuyentes con dinero público, terminaron fusionando manzanas podridas con podridas, por responder a los intereses políticos y a las presiones de los entonces “infalibles”, Campa, Vegara, Ocaña y Salgado.

De aquellos polvos, por supuesto, este lodazal en el que 5 años después seguimos sumergidos. Llegó el ejecutivo del PP que dudó al principio sobre qué hacer -los socialistas creyeron que Guindos nunca sería capaz de hacer caer a Rato, por ejemplo, de Bankia- hasta que no tuvo mas remedio. Tres decretos, tres reformas y la última con un MoU -Memorando of Understanding- por medio con Europa y el Banco Central Europeo a cambio de reducir a una tercera parte el sistema financiero español (de 40 entidades antes de la crisis a 10 en 2013) en tiempo récord, y con un cheque de hasta 100.000 millones de euros de los que al final se usaron 40.000 millones (y otros 10.000 que probablemente sean necesarios antes de final de año).

Ese MoU implicó también la creación de un “banco malo”, financiado por los contribuyentes y parte de la banca para comprar los activos “tóxicos” y sacarles de los balances de los bancos. Después de comprar lo malo y lo peor -que era muchísimo-, cerramos el mes de septiembre con una tasa de morosidad del 12 %. Tasa de morosidad de la banca realmente histórica e incomprensible, porque si todo lo malo estaba fuera… es que no estaba fuera todo lo malo, o el deterioro económico sigue siendo un arma de destrucción masiva.

La morosidad bancaria indica dos cosas, la debilidad económica por un lado y la imposibilidad de que la banca que ha sobrevivido dé crédito a familias y PYMES. Las condiciones son draconianas y el dinero mas bien escaso. Un dinero que, desde hace ya muchos meses solo pasa por que te lo presten 10 entidades, que por supuesto saben exactamente la situación financiera de todos los españoles. Entre el control de las cuentas corrientes por parte de los bancos, y de las conversaciones y mails por parte de la administración Obama, vamos dados.

En la parte positiva de la balanza hay que centrarse en que por fin la banca superviviente hace sus deberes, hace provisiones extraordinarias, ordinarias y mediopensionistas que fortalecen los balances y que han permitido también, que la inversión extranjera regrese a España. Los resultados del BBVA, Santander o la Caixa indican que los “supervivientes” del tsunami son mas grandes, más fuertes, y mas precavidos. No volverá la alegría del crédito a las tasas que vivimos en el 2007 nunca, no volverán los préstamos al consumo con la misma alegría para comprar coches, televisiones de plasma o hacerse operaciones de estética. Aquello forma parte de la historia.

Ahora los bancos españoles son menos, la banca se ha jibarizado. Pero también son mejores y procurarán financiar tasas de crecimiento sostenible que les permita mantener los márgenes sin apostar por consumos extremos (incluidos los suyos). A partir de ahora veremos más consolidaciones, más apuesta por los mercados internacionales y  un crédito al consumo extraordinariamente moderado. Dice el BBVA que desde el año que viene. Veremos.

Publicado por

P. García de la Granja

Madre de Maria y Pepe. Periodista de Mediaset España. Aterrizando en NYC. Liberal. Economía y finanzas. Opiniones personales. Corresponsal de Tele5.

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