Europa es otra en NYC

La semana de la Asamblea General de Naciones Unidas ha dado mucho de sí, pero para los representantes de los países europeos, y sobre todo de la Unión Europea, el mensaje ha sido claro y unívoco: para salir de la crisis “más Europa”. Desde Mariano Rajoy hasta Joaquín Almunia, pasando por Ángela Merkel y el presidente italiano Enrico Letta, todos han coincidido en que una vez “pasado lo peor”, ahora hay que dar respuestas a los ciudadanos de la Unión. De hecho, todos han coincidido en que hace 12 meses, las preguntas en los foros económicos y políticos paralelos a la celebración de la Asamblea General anual de la ONU tenían que ver con el futuro del euro y el futuro de la Unión Europea -incluidos algunos de sus miembros-. Este año, Europa estaba en fase II, y los presidentes de los países más importantes empiezan a presentar lo que se nos avecina.

Para el comisario Joaquín Almunia hay que empezar a hablar de unidad en materia fiscal y de políticas europeas de empleo. Para el presidente Rajoy es fundamental la supervisión bancaria -que comienza el año que viene- y la unificación de criterios fiscales, para el italiano Letta hay que separar el riesgo país (bonos soberanos) del riesgo del sistema financiero de cada país, como primer paso para empezar a ver crecimiento, y para Ángela Merkel las políticas tienen que ir encaminadas hacia una nueva Europa más unida en todo lo anterior.

La traducción de todo esto implica ir “refundando Europa” poco a poco, sin prisa pero sin pausa. En primer lugar la defensa del sistema de control bancario por parte del BCE tiene un efecto directo -como la FED- en las políticas de crédito, y además evita las interferencias de los países en materia financiera. Cuanto más europeo sea el controler de la banca, menos chanchullos se pueden amañar. En segundo lugar, hay que hablar de la cesión de soberanías nacionales a favor de una unificación fiscal. Será un organismo de la UE o la propia Comisión la que pase de “supervisar” que diría Almunia a “controlar” y posiblemente “decidir” en el futuro las decisiones fiscales (las partidas económicas) que los países destinan a sus políticas internas.

Para que este punto se lleve a cabo habría que pensar en un presupuesto más amplio de la Unión Europea y probablemente impuestos federales (como en Estados Unidos) que permitan llevar a cabo políticas financiadas desde la nueva arquitectura supranacional. Esta decisión, en la que parece ya están de acuerdo casi todos los estados, implica muchas cosas, para empezar cesión de soberanía nacional en materia presupuestaria y de control de gasto y endeudamiento. En segundo lugar, iría acompañada con una “mutualización de las deudas soberanas”, es decir, que la Unión Europea tenga la posibilidad de emitir bonos europeos, para evitar las convulsiones de los estados que la conforman. En éste punto, Ángela Merkel es la mayor oposición, porque asume -con razón- que el colateral será el ahorro y el PIB alemán y quiere garantías de poder controlar los “presupuestos de los países a los que, finalmente, los eurobonos avalarían en sus enredamientos”.

Lo más relevante de esta semana en Nueva York de locos horarios, de imposibles reuniones e interminables agendas para Europa, es que en Estados Unidos dan por pasada la página de la crisis europea como tal, ya nadie duda de que la Unión se mantendrá unida. Es cierto que Grecia, aunque sigue preocupando, está lejos de crear los niveles de tensión y desconcierto de hace 24 meses. Ahora ya se asimila Grecia como si fuera un estado fallido de la Unión -bancarrota de California, por ejemplo-, y no como objeto de destrucción masiva supranacional.

La segunda conclusión de esta semana de NY, y en clave mucho más local, es que España será destinataria de varios miles de millones de dólares en inversiones, acompañando a una cierta ralentización de los países emergentes, la sensación que transmite el gobierno de España es que es un país -de nuevo- confiable. Simplemente los empresarios que busquen dinero en Estados Unidos, tienen que saber elegir bien a los interlocutores, ni sirven los de siempre -porque los inversores tienen la sensación de que les engañaron y les hicieron perder mucho dinero- ni se buscan los mismos perfiles en los consejeros. España es una oportunidad de inversión según me cuentan a mí muchos potenciales inversores, aún recelosos y en busca de representantes nuevos y serios hacia quien derivar sus ahorros.

En tercer lugar, lo que las casas de análisis denominan el factor “estabilidad Merkel” con la sensación de que la victoria electoral de la canciller alemana no permitirá que se vivan momentos de convulsión como de los años pasados. Veremos.

Publicado por

P. García de la Granja

Madre de Maria y Pepe. Periodista de Mediaset España. Aterrizando en NYC. Liberal. Economía y finanzas. Opiniones personales. Corresponsal de Tele5.

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